Durante la noche duermes muy bien, pero de pronto escuchas que tu bebé comienza a llorar, te paras rápidamente y lo encuentras en su cuna, percibes que su temperatura no es normal, entonces la preocupación invade tus pensamientos, ¿qué estará pasando?, ¿acaso es necesario llevarlo al médico?

 

Muchos padres piensan que la fiebre no es peligrosa y tratan de utilizar distintos medios para controlarla, así como automedicar al niño, cosa que no debería de suceder, ya que pueden simplemente retrasar por algunas horas la manifestación real de los síntomas de la enfermedad que esté atacando el cuerpo de sus pequeños.

 

La temperatura corporal normal es de 36 a 37.5 grados; de 37.5 a 38 es considerado como febrícula y si el valor aumenta ya se califica como fiebre. Debemos recordar que los primeros síntomas son: escalofríos, palidez; y conforme va en aumento, las mejillas pueden sonrojarse, aparece el dolor muscular o de articulaciones, además de perder el apetito.

 

Tener fiebre es una reacción del cuerpo ante algún virus o bacteria que lo está atacando. Por lo que, si notas en tu hijo alguno de los síntomas anteriores, debes medirle la temperatura y confirmar si ésta va en aumento, aunque también debes descartar algunos factores externos que pueden provocarla, como: vacunas que le hayan puesto, que se encuentre en un ambiente caluroso o tenga exceso de ropa.

 

Tratar de bajar la fiebre de un rango de 38 a 39 grados, en lugar de beneficiar puede enmascarar la enfermedad que la esté generando. Además, arriba de los 40 grados, llegan a aparecer las convulsiones febriles que causan daños cerebrales. Lo más importante en estos casos es mantener la calma y acudir a tu médico para tener el diagnóstico de lo que está causando la fiebre.

 

Cuando tu niño comience a sufrir fiebre es momento de acudir a tu médico, solo él podrá darle el tratamiento indicado. No esperes más tiempo, ni trates de tener bajo control la situación, ya que, como vimos, puede resultar contraproducente.