Aquel virus que veíamos tan lejano y que “a nosotros no nos iba a pasar” ya está aquí.

Hoy México vive una situación que implica un reto para proteger la salud de todos. El coronavirus SARS CoV-2, que provoca la enfermedad conocida como Covid-19, pertenece a una familia de virus muy grande.

De esta familia de virus existen muchísimas variedades que generan desde resfriados comunes hasta enfermedades muy graves. Como antecedentes existen dos epidemias: en 2002 el Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS) en China con mortalidad aproximada de 9.5% al 10% de los 8,500 infectados, y el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS) en Arabia Saudita durante el 2012 que tuvo una mortalidad más alta, de un 34% al 40% de las 2,500 personas afectadas.

Más que preocuparnos, debemos tomar acción y las medidas necesarias para impedir la propagación del virus por el contagio toda vez que es una infección que definitivamente llegará a un pico máximo en las próximas semanas, cuando una gran cantidad de personas estarán afectadas.

Resulta imprescindible advertir que la transmisión de la enfermedad es muy eficiente por la proximidad entre personas y el contacto con las gotitas respiratorias de personas que aún no presentan síntomas –así como el contacto con superficies contaminadas–, de tal modo que las personas continúan conviviendo con otras esparciendo el virus. mucho más rápido.

Se ha demostrado hasta este momento una tasa de mortalidad global en un rango del 3.5% a 4% y hasta el 4.5%, pero en poblaciones muy específicas, ha llegado a más de 7%, como el caso de Italia. La enfermedad tiene un alto grado de contagio y por cada persona enferma habrá entre 2 y 3.5 personas infectadas, con gran velocidad por ser exponencial.

Es importante mencionar que las comparaciones con la influenza no vienen al caso puesto que existen vacunas y tratamientos que permiten controlar la enfermedad una vez diagnosticada. El Covid-19 es grave y no se parece a una “simple gripa”.

Los síntomas como fiebre, tos seca, dificultad para respirar (que los profesionales de la salud llamamos disnea) son las principales señales de alerta para buscar atención hospitalaria inmediata. Otros síntomas que se han reportado son dolor de cabeza, dolor de garganta, sensación de “cuerpo cortado” y malestar general, además de la dificultad para percibir olores y sabores.

El factor de riesgo más importante es la convivencia con personas en un radio de al menos 2 metros de distancia pues al hablar, estornudar o toser, las gotitas respiratorias pueden transportar al virus a una distancia de hasta 1.5 metros antes de caer al piso. Además, el contacto con superficies contaminadas y tocar ojos, nariz y boca.

Si bien las personas con mayor riesgo ante esta enfermedad son mayores a los 60 años de edad, se ha demostrado en estudios bien respaldados que a partir de los 50 años empieza a aumentar el riesgo. Pacientes con enfermedades crónicas como obesidad, hipertensión, diabetes y personas con alteraciones en el corazón y pulmones o quienes fuman tienen también mayor riesgo.

Este grado de alto riesgo también se presenta en todas las personas con inmunosupresión, es decir que sus defensas no reaccionan o funcionan adecuadamente por enfermedades o por medicamentos que toman, de tal modo que pacientes en tratamiento por esclerosis múltiple, lupus, artritis reumatoide, enfermedad renal, pacientes trasplantados, quienes están en

quimioterapia y personas con VIH.
Los jóvenes no están exentos del riesgo. Ya hay estudios bien hechos, aleatorizados, bien demostrados y en la práctica diaria vemos todos los días que hay pacientes jóvenes que también desarrollan complicaciones –incluso sin tener otras enfermedades– que pueden poner en peligro su vida.

La mejor medida para disminuir la transmisión es el distanciamiento social y para ello lo más importante es quedarse en casa todo el tiempo que sea posible. Además de la distancia, se recomienda el lavado frecuente de manos –bien hecho, por más de 20 segundos–, con agua y jabón, también se recomienda el uso de gel antibacterial con una concentración mínima de alcohol del 60%.

En cuanto al uso de cubrebocas en la calle y lugares públicos, es necesario que se cubra la boca –porque de ahí salen las gotitas respiratorias–, aunque no se presenten síntomas, esto aplica para lugares donde por causas de fuerza mayor tengamos que estar cerca de muchas más personas y fuese imposible mantener la distancia de 2 metros (tal es el caso

del mercado o el banco.)
El cubrebocas también se recomienda para las personas que tienen síntomas de enfermedad respiratoria –la que sea– y para las personas que atienden a pacientes infectados o con sospecha de infección en la casa, o para nosotros, los trabajadores de la salud que vamos a atender a los pacientes.

Aprovecho este espacio para hacer un llamado a la población para no agotar los recursos médicos, es decir los materiales de uso profesional de la salud, tales como las máscaras N95 y mascarillas quirúrgicas, por ello ya hay algunos medios de Estados Unidos (New York Times) que hacen recomendaciones para hacer los cubrebocas en casa.

Las personas que presenten :

  • Dificultad para respirar.
  • Fiebre intensa –y que a pesar de estar con tratamiento sintomático no mejoren–.
  • Perciban un grado de deterioro neurológico (que no respondan adecuadamente).
  • Se vean muy decaídos.

Deberán ser llevados a un sistema de atención hospitalaria (siempre con cubrebocas), por lo que es importante llamar antes para avisar que va en camino o indicaciones para recogerlo en ambulancia equipada para traslado de pacientes con infección.

En caso de percibir que tienes los síntomas, lo más importante es identificar si son leves o aquellos que pudieran comprometer la vida, por ello si la persona tiene factores de riesgo para complicarse, independientemente de eso hay que tratar de mantenerse lo más aislados que se pueda. En casa estar en una habitación sin compartir, definir utensilios de cocina que sean personales para no compartir y lavarse las manos todo el tiempo.

Por otro lado, en la medida de lo posible, es importante no compartir el baño, asegurarse que los cepillos de dientes y material de uso personal esté separado, y no compartir toallas. Además, es importante separar a las personas vulnerables con riesgos de complicación para protegerlas.

La duración apropiada para el autoaislamiento es de por lo menos 14 días a partir de que se tuvo el contacto con la sospecha de haber estado expuesto a la infección o a partir de cualquier síntoma que se haya presentado.

Desde el surgimiento de la infección se investiga el desarrollo de una vacuna y un tratamiento, que tardarán varios meses –o incluso años– para estar disponibles para reforzar el combate a la enfermedad, la buena noticia es que existen alrededor de 5 a 7 medicamentos que prometen un posible avance en el largo plazo.

Mientras tanto es importante no automedicarse y por favor, no agotar medicamentos de forma indiscriminada en las farmacias, pues estas acciones provocan un desabasto para los pacientes que realmente los necesitan, además de los graves efectos adversos que conlleva la automedicación.

Todo tratamiento debe ser prescrito, indicado y supervisado por un médico, más aún en estos momentos, donde todos estamos expuestos a esta pandemia global, como aliada de la campaña #LoQueDiceTuMédico y profesional de la salud, aún veo que hay mucha gente en la calle, viviendo una vida normal y sin ninguna restricción, a todos ellos les pido: por favor quédense en casa, esto es real, está sucediendo y va a aumentar día con día; para proteger a su familia, a sus amigos y a las otras personas, hay que guardarnos.