Actualmente, y como parte de todos los factores que influyen en la calidad de vida de nuestras aceleradas rutinas, existen enfermedades cuyos síntomas –en muchos casos– propician el uso de remedios caseros o incluso la automedicación cuando seguimos recomendaciones de conocidos o familiares sin consultar a nuestro médico.

Es el caso de enfermedades como el síndrome de intestino irritable y el reflujo gastroesofágico.
El síndrome de intestino irritable es una enfermedad crónica con múltiples síntomas que, si bien es benigna, puede afectar de manera considerable nuestra calidad de vida. Los síntomas son dolor abdominal recurrente, inflamación o distensión del abdomen, así como producción excesiva de gas, estreñimiento y diarrea, y dado que no existen estudios que confirmen la enfermedad, su detección se basa en la presencia de estos síntomas por más de 3 meses

El síndrome de intestino irritable tiene una prevalencia mundial de 10% al 13%, siendo más frecuente en el género femenino, en promedio la padecen dos mujeres por cada hombre.
En México se han realizado estudios en diferentes localidades donde se observa una frecuencia que va del 5% al 35%, siendo las más altas las reportadas en Ciudad de México.

Es importante destacar que el síndrome de intestino irritable no es causado por la dieta, es una enfermedad funcional o ahora llamada de la comunicación cerebro-intestino, esto significa que no hay una causa específica sino más bien múltiples detonantes.

El estrés y el componente emocional forman parte de los factores más importantes, incluso hace años esta enfermedad se llamaba “colitis nerviosa”.

Otro factor son las alteraciones en la motilidad intestinal, esto es, en la velocidad del movimiento de los intestinos (lenta o rápida). También está involucrada la hipersensibilidad, lo que significa que estos pacientes tienen un intestino muy sensible a su entorno, por ello el dolor y la inflamación son muy evidentes y molestos.

Un cuarto factor que a últimas fechas ha cobrado gran importancia es la alteración del equilibrio de la flora intestinal (microbiota). Este desequilibrio genera síntomas asociados al consumo de ciertos alimentos –fácilmente fermentables–, tales como brócoli, coliflor, sandía, frijoles, lentejas, leche o cacahuates, que no son considerados “alimentos chatarra”, pero en presencia de un exceso de bacterias fermentadoras causan molestias.

Si bien no es una enfermedad peligrosa que pudiera provocar cáncer, la muerte o una hospitalización prolongada, el síndrome de intestino irritable no tiene cura, sino que se controla, por lo cual, para atender bien la enfermedad, mantener la calidad de vida y evitar recaídas frecuentes, es necesario consultar y seguir #LoQueDiceTuMédico para disminuir la frecuencia e intensidad de los síntomas ocasionados por esta enfermedad crónica en lugar de usar remedios caseros que pudieran empeorar las molestias.

¿Y las agruras?

El reflujo gastroesofágico es una enfermedad que consiste en el daño a la mucosa del esófago y las subsecuentes molestias ocasionadas por el ácido gástrico, que “regresa” del estómago hacia el esófago, un sitio donde normalmente no debería estar.
La incidencia en nuestro país se estima alrededor del 10% a 12% de la población (síntomas al menos una vez por semana en el estudio mexicano SIGAME).
Los síntomas principales son las agruras o pirosis, que es la sensación de acidez o quemadura detrás del esternón, y la regurgitación, que es cuando regresa el contenido del estómago, pero sin acidez (reflujo no ácido).

Existen también otros síntomas atípicos, como el dolor de tórax o pecho y el espasmo del esófago, así como síntomas extraesofágicos (fuera del esófago), es decir reflujo hacia la garganta y la laringe (laringofaríngeo), tos crónica. Finalmente hay un síntoma de alarma que hay que atender con urgencia ya que sugiere una complicación: la disfagia que se define como la dificultad para tragar o deglutir los alimentos porque se atoran.

Actualmente el principal factor para presentar reflujo es el sobrepeso y la obesidad, pues el aumento de presión dentro del abdomen favorece que el esfínter o válvula que evita el reflujo se abra. Otros factores como el embarazo,

las comidas abundantes antes de dormir –sobre todo con mucha grasa–, y la presencia de una hernia hiatal, también propician el debilitamiento o incompetencia de la función del esfínter y favorecen el reflujo.

A diferencia de otras enfermedades, el reflujo sí tiene riesgos, sus complicaciones van desde una estenosis (estrechez que cierra el paso del esófago al estómago causando atoramiento al comer), que requiere tratamientos endoscópicos para abrirla, hasta riesgos más importantes como el esófago de Barrett, que una condición premaligna que puede derivar en cáncer de esófago.

Por estas razones resulta indispensable una cercanía con nuestro médico, toda vez que la automedicación con remedios caseros –tales como bicarbonato de sodio, carbonato de calcio, sales de magnesio y otros antiácidos simples, mismos que además de no resolver el problema, no curan el daño al esófago y por tanto no previenen complicaciones–

Pueden causar efectos adversos como diarrea, estreñimiento, aumento de la presión arterial y rebote ácido. La ranitidina en particular, además de que sólo tiene un 50% de efectividad, se ha retirado temporalmente del mercado porque uno de sus compuestos se asoció a cáncer.

El reflujo es una enfermedad que se considera crónica recurrente, es decir que no tiene cura y regresa; algunos factores de riesgo, como la ganancia de peso pueden ocasionar recaída. Si bien existe tratamiento quirúrgico para la enfermedad, el objetivo es permanecer libre de reflujo por el mayor tiempo posible.

Hay situaciones como el tener una esofagitis grave, o sea quemaduras en el esófago por ácido, que obligan a tomar un tratamiento durante tiempo prolongado, por ello es importante respetar la prescripción con la finalidad de liberarnos de los síntomas y disminuir la probabilidad de complicaciones.

Juntos (médicos y pacientes), podemos aportar ideas, fomentar el diálogo y la confianza para mejorar la salud, por ello me enorgullece sumarme a la campaña #LoQueDiceTuMédico para invitarte a participar de manera activa, junto con tu médico, para mantener tu calidad de vida y mejorar la salud de nuestro país por medio de la colaboración.