Cuidemos a nuestros seres queridos de manera responsable e informada: ¡no te automediques!

Por: Dr. Miguel Acuña Lizama
Presidente de la Asociación para Impulso e Innovación de Sistemas de Salud, A.C. (APIISS)

Desde el comienzo de la pandemia todos hemos pasado por percepciones diversas, pero la más prevalente ha sido incertidumbre, acerca de cuándo llegará ese anhelado avance científico que revolucionará el tratamiento para COVID-19, ya sea para el control de la enfermedad –o para prevención–, una vacuna que nos permita hacer frente inmediatamente para regresar a nuestras actividades de manera cotidiana.

Suena fácil, pero es mucho más complejo de lo que parece. La investigación, el desarrollo de medicamentos, así como tratamientos innovadores conllevan muchos años de trabajo y por el momento no existen tratamientos eficaces para COVID-19, más allá de la prevención e indicaciones y recomendaciones de las autoridades de salud.

Noticias positivas como la publicación de resultados preliminares acerca de la dexametasona y una posible disminución en la mortalidad en pacientes graves por COVID-19, particularmente aquellos que han requerido ventilación mecánica (“intubación”) o usar oxígeno adicional, no deben ser tomadas a la ligera. Sobre todo, debemos actuar con responsabilidad, tanto nosotros los médicos para orientar e informar de manera precisa a nuestros pacientes, como el público en general, quien deberá tomar en cuenta que esta información, aunque esperanzadora, debe ser evaluada considerando muchos factores para llegar a una autorización para este uso particular en nuestro país.

Debo ser enfático: los científicos que desarrollaron el estudio mencionan tajantemente en el documento que se desconoce la utilidad y los efectos del uso de este medicamento en personas con casos no graves de COVID-19 o aquellos que no requieren ser internados.

Ahora bien, los efectos secundarios pueden afectar a personas que padecen enfermedades crónicas con graves consecuencias, pues además deprimen el sistema inmunológico y con ello se pueden favorecer varias infecciones, incluyendo la de COVID-19. Por ello, cuando no existe una indicación precisa, los efectos secundarios pueden traer daños y un resultado adverso cuando no existe una valoración médica previa.

En el caso de la dexametasona y otros medicamentos también clasificados en la fracción IV del Artículo #226 de la Ley General de Salud deben ser vendidos únicamente con la receta médica, por ello la importancia de mantener el apego a las recomendaciones de nuestro médico y sobre todo sin automedicarnos. La dexametasona tiene diversos usos e indicaciones para varias enfermedades autoinmunes, hematológicas y también en aquellos pacientes que la requieren por cuestiones de vida o muerte.

No es admisible automedicarse, toda vez que entre los efectos adversos y otras consecuencias graves de la dexametasona pueden ser, por ejemplo, descontrol hipertensivo que produzca hemorragia cerebral e infartos al miocardio, así que debemos consultar a nuestro médico ante cualquier duda.

Las publicaciones científicas son un medio muy importante para dar a conocer los avances que aporta la comunidad científica a nivel mundial, pero tanto médicos como pacientes debemos tener en cuenta que son dirigidas al gremio especializado y si bien representan un avance en los pasos que como médicos podemos tomar para el cuidado de la salud, no representan la regla y cada caso es muy específico.

Reitero: este beneficio recientemente descubierto es únicamente para aquellos pacientes con enfermedad grave por COVID-19, es decir, aquellos que requieren oxígeno o aquellos que están intubados. Y no se ha demostrado que funcione en la prevención sino todo lo contrario, al tomar dexametasona vamos a tener una disminución en nuestro sistema inmunológico y por lo tanto una mayor probabilidad de adquirir cualquier infección, entre las cuales se encuentra el COVID-19.

La dexametasona no sirve para prevenir ni para tratar los casos leves de COVID-19 y la única persona autorizada para prescribirla es el médico, quien definirá si es viable para cada caso y enfermedad específicos.

Antes de realizar la prescripción de un tratamiento, tu médico siempre debe tener en cuenta las enfermedades y el historial clínico de cada paciente pues estas condiciones pueden descontrolarse o requerir ajustes ante el inicio con un nuevo fármaco, por ejemplo, en el caso de enfermedades crónicas como diabetes e hipertensión que representan un riesgo mayor en caso de contraer COVID-19.

El estudio “RECOVERY”, realizado por la Universidad de Oxford, en Inglaterra, fue enfocado a nivel regional –si bien participaron muchos hospitales– por lo que las personas que participaron tienen características muy diferentes a las que tenemos en México y América Latina. Por ello, aún es necesario realizar los estudios que permitan comprobar los efectos positivos para México.

Como pacientes debemos conversar acerca de todas nuestras dudas e inquietudes con el médico pues será él quien prescribirá el mejor tratamiento para nuestro caso particular y así definir la mejor ruta para cuidar tanto tu salud, como la de tus seres queridos, de este modo podemos prevenir los riesgos de los efectos adversos que mencionamos previamente.

Como médico me resulta preciso tomar la iniciativa para reiterar la recomendación de quedarte en casa, así como implementar todas las medidas de prevención que continuarán durante esta etapa de “nueva normalidad”, debemos seguir #LoQueDiceTuMédico para proteger nuestra salud y la de nuestros seres queridos.